Juan Pablo Amado tenía mariposas en el estómago. No era la primera vez que hablaba en público, pero sí la primera vez que lo hacía con el propósito de arrancarle carcajadas a un salón lleno de desconocidos. Había llegado ahí por accidente, buscando aliviar el estrés de una aseguradora donde sentía que la rutina lo estaba aplastando. Buscaba un curso para hablar mejor en público. Encontró el stand-up comedy.
"Fue una adrenalina increíble", recuerda. "Como cuando un futbolista mete un gol. Fue ahí cuando supe que esto era lo mío."
Ese momento cambió su vida. Y once años después, Juan Pablo Amado es uno de los referentes del stand-up comedy en Guatemala: ha llevado su comedia a El Salvador, México, Miami, Toronto y Costa Rica; ha llenado teatros y bares; ha hecho reír a miles de personas con monólogos que arrancan desde lo más personal y llegan a lo universal. Y hace unos días, abrió el show de Adal Ramones, el comediante mexicano que durante más de una década fue el rey de la noche latinoamericana con "Otro Rollo".
No es poca cosa.
El descubrimiento que lo cambió todo
Antes de subirse a ese escenario por primera vez, Juan Pablo trabajaba en una aseguradora, sintiendo el peso de un ritmo de vida que no era el suyo. "De los 20 a los 30 viví sin rumbo, siguiendo sueños ajenos", dice. Su sueño original era el fútbol. Era bueno, pero le faltó la garra que convierte el talento en carrera.
Lo que nunca le faltó fue la capacidad de hacer reír. La gente a su alrededor se lo decía desde siempre. "Probá el teatro", le repetían. Pero fue el stand-up, esa forma de comedia que no necesita disfraces ni escenografía sino solo una persona, un micrófono y la verdad, lo que lo capturó.
En 2015, buscando cómo salir de la presión laboral, encontró en redes sociales el pénsum de un curso de stand-up comedy en España. Le llamó la atención cómo hablaban de estructurar ideas, captar la atención, ganar seguridad en el escenario. Siguió investigando y encontró un curso en Guatemala. Se inscribió sin saber muy bien qué esperaba. Cuando llegó, descubrió que estaban reclutando comediantes.
"Fue el estrés y las ganas de liberarme de la tensión lo que me impulsó a entrar, sin saber que ahí encontraría mi pasión."
Meses después, septiembre de 2015, se paró frente a un público por primera vez. El resto, como dicen, es historia.

La comedia como profesión, no como ocurrencia
Uno de los grandes malentendidos sobre la comedia es creer que basta con ser gracioso. Juan Pablo lo desmiente en cada monólogo y en cada entrevista: el humor también se trabaja.
"El stand-up es una comedia basada en la observación", explica. "Uso mucho la observación emocional: busco momentos que me generen nervios, sorpresa, enojo, tristeza o alegría, los anoto, y desde ahí nace la inspiración."
Hay una fórmula que repite y que viene de la tradición del stand-up anglosajón: la comedia es "verdad más dolor más tiempo". No siempre tiene que ser un dolor profundo, pero sí algo que te haya afectado emocionalmente, algo que, con el paso del tiempo, puedas contar sin que te lastime. Y cuando ese material se trabaja bien, la emoción se transforma en risa.
El proceso no es inmediato. Hay que aprender el lenguaje de la comedia. Hay que entender la estructura de un chiste, el timing, la relación con el público. Hay que subirse al escenario muchas veces mal antes de hacerlo bien. Y hay que tener la disciplina de sentarse a escribir cuando no tienes ganas, de mejorar un material que ya funcionó, de no conformarse con lo que ya le arrancó carcajadas al público la semana pasada.
"El humor también se trabaja", repite Amado. Y en ese "también" está todo.

De Guatemala para el mundo
El gran salto llegó en 2016, cuando le abrió el show a Franco Escamilla frente a mil personas. Ese momento le enseñó cómo quería que fueran sus espectáculos: con pantallas, con staff, con producción. Como un concierto.
Ese mismo año viajó a El Salvador para un festival en el Teatro Luis Poma. Investigó el contexto del país, adaptó el material y funcionó. Comprobó que su comedia podía ser universal.
Pero la prueba más exigente llegó en 2018, en Miami. El público era una mezcla de argentinos, colombianos, venezolanos, peruanos. Representaba todo lo que no conocía. "Tenía náuseas de los nervios", recuerda. Pero cuando se subió al escenario, todo fluyó. El material que había escrito específicamente para ese show conectó. Las risas fueron reales.
"Fue en ese momento cuando sentí que me gradué como comediante."
Después vinieron Toronto, Costa Rica, México. Y shows en Guatemala que se agotaron. El Teatro Lux, llenado más de una vez. El Amados 90's Tour, una gira que mezcla stand-up con nostalgia y música. Una residencia todos los viernes y sábados en Casa Santo Domingo, Antigua Guatemala, presentando su show "Amor de mi vida". Más de cien presentaciones en escenarios nacionales. Más de cincuenta shows para empresas. Cuarenta mil seguidores en Instagram. Videos que se vuelven virales.
Todo construido desde cero, con disciplina, haciendo oídos sordos a quienes le decían que no se podía vivir de hacer reír en Guatemala.
La noche con Adal Ramones
El 28 de mayo de 2026, Adal Ramones se presentó en Fórum Majadas con "Viajando sin maleta", su gira latinoamericana que combina humor, anécdotas personales y reflexiones sobre la vida. El recinto tiene capacidad para más de 5,000 personas. Es el escenario de entretenimiento bajo techo más grande del país.
Quien abrió esa noche fue Juan Pablo Amado.
Para entender lo que eso significa, hay que recordar quién es Adal Ramones. El comediante y conductor regiomontano fue el rostro de "Otro Rollo", el programa que durante doce años, de 1995 a 2007, fue uno de los espacios de comedia más vistos en toda Latinoamérica, transmitido en 53 países. Su frase "¿Quieren monólogo?" formó parte de la infancia y adolescencia de varias generaciones de chapines.
Que Juan Pablo Amado haya abierto ese show no fue un favor ni una coincidencia. Fue el resultado de once años de trabajo constante, de decenas de viajes, de cientos de horas frente al micrófono, de una carrera construida piedra sobre piedra desde aquella tarde de septiembre de 2015 en que se paró por primera vez en un escenario con una idea sencilla pero poderosa: hacer reír a las personas.
Juan Pablo Amado via Instagram
Lo que viene
Juan Pablo Amado no está parado. Para el segundo semestre de 2026 tiene planeada una gira por California y el este de Estados Unidos. En agosto viene un nuevo proyecto con un formato diferente. Y antes de que termine el año quiere hacer un show grande para celebrar sus once años de carrera.
También tiene en mente algo más grande a largo plazo: una productora formal que no solo amplíe su propio trabajo sino que genere oportunidades reales para otras generaciones de comediantes guatemaltecos. Alguien que lleva once años abriendo caminos entiende mejor que nadie lo que cuesta caminar sin que haya uno trazado.
"Quiero que en otros países se diga: Guatemala tiene comedia de nivel", afirma. "Recuerdo que en los primeros festivales se burlaban de Guatemala, pero cuando subí al escenario y se mataron de la risa, se callaron."
Eso es exactamente lo que hace Juan Pablo Amado. Hace que se callen con la risa.
Y eso, en cualquier idioma, es un logro.
¡Nuestra admiración y respeto Juan Pablo! ¡Gracias por recordarnos la importancia de la risa!
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