Guatemala lleva años siendo uno de los mercados inmobiliarios más sólidos de Centroamérica, y los números lo confirman: el sector proyecta un crecimiento anual del 5.59% hasta 2028, con una movilización estimada superior a los US$1,300 millones. Detrás de esa cifra hay una realidad concreta: déficit habitacional significativo, más de 350 edificios construidos en la capital, y una demanda que supera con creces la oferta disponible.
Lo más interesante no está solo en la Ciudad de Guatemala. El mercado se está descentralizando. Departamentos como Huehuetenango, Chiquimula y Quetzaltenango están atrayendo desarrollo residencial porque la gente del interior ya no necesita irse a la capital para encontrar un producto de calidad. A eso se suma el efecto de las remesas: Guatemala recibió el año pasado más de US$25,000 millones, y una buena parte se destina a vivienda. Eso es demanda real, constante y creciente.
Los analistas coinciden: Guatemala está en la etapa inicial de su ciclo inmobiliario. Quien entiende eso sabe que la ola apenas está agarrando velocidad. Para los chapines adentro y afuera del país, el momento de entrar es ahora.
Foto: René Hernández

